En el 2019 Mons. Mario Delpini ya nos había sugerido con calma al padre Vittorio Ferrari y a mí: “Sí, pueden regresar al Perú que es como vuestra casa, pero estén atentos a su salud, los años avanzan”. A fines del 2021 el padre Vittorio feneció, su casa pasó a ser primero el cementerio y ahora descansa en su Iglesia de Sayán.
Estamos en el mes de julio del 2024, me estoy preparando para recibir en mi casa al mismo arzobispo, pero siento un dolorcito detrás del calcaño. La doctora dice: “Quieto, Antonio, vamos a hacer un examen Doppler”. Del examen en el traumatólogo el paso es breve: “Aquí es necesario enyesar, al menos por tres semanas, ¡hay un desgarro en el tendón de Aquiles, podría romperse de un momento a otro!”
No me queda más que obedecer, estar en reposo, un reposo merecido después de todos estos días de emociones y movimientos por los 60º aniversario de sacerdocio.
En la silla de ruedas, acojo con un rostro sonriente el arribo a Huacho del Mons. Mario Delpini el de 24 julio. Es un abrazo especial pero verdadero: son cosas que suceden sobre todo para quien tiene un pasado como verdadero futbolista tanto de haberse merecido el balón de oro.
La doctora Rosita tiene un modo de explicar al monseñor Delpini lo que me puede suceder si no acepto el reposo. Él amablemente me dice: “Antonio, recuerda que eres un sacerdote, la obediencia es una virtud”.
A su regreso a Milán, me escribe manifestándome la alegría de haberme visto, pero insiste: CUIDATE.
En tantas sacristías del mundo hay un letrero con estas palabras: “Celebra la Misa como si fuera la primera, como si fuera la última, como si fuera la única”.
No sé qué tan lejos estoy desde la última Misa, claro que aquella del 60º aniversario - número 30.000 - fue tan única, como la primera del 1964.
No tengo palabras para expresar como viví aquel encuentro con Dios y con mis parroquianos que han llenado la catedral, sin estar controlando el reloj por lo largo de la ceremonia.
Se siente un silencio total y religioso cuando yo comienzo a decir las palabras de Jesús: “Este es mi Cuerpo”. Levanto la Hostia al cielo mientras mi mirada y de todos los presentes se fijan allí por instantes interminables.
Luego tomo el mismo cáliz que me ha acompañado siempre a todas partes, con los ojos fijos al vino hago mías las palabras de Jesús: “Esta es mi sangre”. De nuevo el momento de adoración con toda la familia reunida en la Iglesia y con los amigos del mundo entero. ¡Más de mil ojos están mirado hacia el cáliz que ahora está lleno de su Sangre!
Las venas y el pulso se estremecen, no por miedo sino por emoción y alegría interior. Sí, Jesús renueva su presencia desde la Última Cena, a través de mi voz y mis manos.
En mi baúl guardaré la foto de aquel momento al lado de la del 1964, con la Hostia blanca que ilumina el mundo.
Todo el rito fue inundado por los rayos partidos de la Hostia y del cáliz. El Padre nuestro fue recitado como una sola voz por todos los presentes, la Comunión fue recibida con los ojos llenos de alegría, como reflejo de mi rostro feliz.
Y qué decir del mensaje pausado por mi amigo el padre Victor Nalla que hizo la propuesta de lanzarme hacia el cielo como se acostumbra en Milán con los nuevos sacerdotes en el día de la ordenación.
Y qué decir de las palabras de la Subprefecta Karina Leandro Briceño que se sintió comprometida por mi entusiasmo para poder dar una mano a la cárcel de Carquín. Es un italiano con corazón peruano, que tiene una vocación de servicio. Se necesitaría este espíritu para todos nosotros, en nuestra provincia.
Y qué decir de las palabras rítmicas del actual párroco padre Elvis: Soy testigo de la labor del padre Antonio en el confesionario, en los hospitales, en las entrevistas personales, en la atención con los niños de la Beneficencia, los ancianos del comedor parroquial que los lleva incluso de paseo. Ahora tiene un nuevo labor en la cárcel donde va con tanto gusto. Y además el regalo de un cuadro de mi último descubrimiento: la Santísima Virgen Estrella del Mar, obra de la joven pintora Miluska Grados Minaya.
Final con sorpresa: “Si no podemos alzar en alto, al menos podemos besar sus manos consagradas. Se pueden acercar en fila”. Y así fue con un contacto personal bellísimo.
El reloj se detuvo después de dos horas.
La fiesta continuó en el salón Pablo VI, completamente lleno. Con la dirección de Ruth Robles, todo un programa de cantos, testimonios, danzas folclóricas de chicos y grandes. Me hicieron recordar (me había olvidado totalmente) que había ayudado a cinco jóvenes a convertirse en agrónomos, con bolsas de estudio en la Universidad Católica Sedes Sapientiae.
Aplausos de principio a fin al ritmo de las canciones de Adela García y por una danza brasileña puesta en obra por dos religiosas del curso de italiano. La torta muy bien decorada es siempre el plato fuerte y luego el inicio de las fotos, siempre en un clima familiar con rostros relajados y alegres.
Un regalo imprevisto: el balón de oro por mis méritos deportivos y una placa en alabastro del grupo juvenil Aguiluchos, con tantas expresiones de estima.
Agrego el pergamino con la Bendición del Papa Francisco y los abrazos de tantos pequeñitos menores de cinco años que llegan a la altura de mis piernas.
Parecerá increíble, pero concluí la velada en la muy cercana Pizzeria ‘Oh bella ciao’ con mis dos padrinos italianos, Angelo y Lorenzo de la Operación Mato Grosso.
Casi ya lo olvidaba: hubo también una vigilia en la playa del Océano Pacífico con el Rosario delante a la Virgen Estrella del mar, vestida para una fiesta, recién comprada, donación del alcalde Santiago Cano con Giovanna, su esposa. Se rezó y cantó a la luz de las velas de los presentes, todos bien abrigados por el frío y el viento de la noche. Bendecida la imagen se continuó con las palabras de felicitación del alcalde, una placa recordatoria y después la música mejicana de los mariachis con Luis Varga que ahuyentó el frío, calentando los corazones.
La celebración sin precedente: La Misa en la cárcel hasta con coro y sinfónica por el bautismo de 54 internos con otros 26 que se unieron para la Confirmación. Mi mano derecha quedó impregnada por el aroma del sagrado Crisma por tres días. Regalos más significativos. Un cuadro 130 X 130 con la escena de la Crucifixión pintado por un artista de la cárcel y dos angelitos blancos en cerámica del laboratorio interno. Aquí se entra en el misterio de como Jesús pueda entrar en el corazón de todos para suscitar un camino de recuperación propia porque son inundados por su misericordia.
No llegamos a tiempo para comer la torta y los dulcecitos con los 80 confirmados, el tiempo se había acabado y ellos justamente tenían que regresar a su celda. La alegría estaba en sus ojos y en sus corazones también en los míos y en el grupo de la pastoral carcelaria que habían preparado absolutamente todo.
Desde hace muchos años he dado una mano para mejorar las escuelas estatales de inicial, en lugares alejados. Maestras, padres y niños me han querido festejar. Solo el elenco partiendo del barrio inmenso de Túpac Amaru de Végueta a 40 minutos de Huacho con Las estrellitas, pequeños y eufóricos niños hasta los tres años. Una mañana estuve con los Rayitos de dulzura, en los cerros ex Fujimori que, además de la infaltable torta, me acogieron con un canto de niñitos de tres años. La otra escuela de la misma zona, Niño Divino, en cambio quisieron dar un paseo para venir a la catedral con la torta, las danzas, las felicitaciones de la directora y de las madres. Luego todos fuimos a ver el Océano, acercarse a las olas, jugar con la arena.
Para recibir la invitación de la escuelita entre los cerros de Peñico, se necesitó una hora y media con el carro a tracción anterior de Manuel, entre campos de fresas, plantaciones de caña de azúcar y un bello callejón rocoso que da miedo.
Veinte niños me esperaban para pasar con ellos una mañana, incluida la oración en la capillita al lado, un vivaz y alegre partidito con el balón que iba de aquí allá y, sorpresa, EL PANETÓN, sí el panetón que aquí se come también en julio por las Fiestas Patrias.
Que paz, que serenidad, el estar sentado en medio de la pequeña loza deportiva, rodeado por niñitos con sus sorprendentes preguntas bajo la mirada benévola del director.
Con ellos puse punto final a mis 60º aniversario.
Las transmisiones televisivas de los dos eventos principales llegan a cifras que dan vértigo por estos lares. La de la vigilia en la playa con el Rosario en la presencia también del alcalde Santiago Cano, fue transmitida en vivo y en directo por la Municipalidad y ahora cuenta con 11.000 vistas.
El Canal 36 TV Huacho transmitió la Misa del 60° desde la Catedral del 29 junio. Otras televisiones locales lo han compartido tanto que llegan 8.100 vistas según el Auditel.
El agradecimiento que llega desde lejos
También mi familia en Italia ha disfrutado y ha escrito.
Estamos impresionados por las grandes muestras de afecto y reconocimiento que han expresado por el sexagésimo aniversario de la consagración sacerdotal de nuestro hermano, padre Antonio Colombo.
Han programado con precisión, momentos de alegría con ceremonias religiosas y públicas, fiestas, almuerzos, flores y espléndidas decoraciones y más. Todo esto está en nuestro corazón y se convierte, a su vez, en motivo de agradecimiento por el cariño que demuestran y la participación que se desprende en los diversos hechos y acontecimientos de su vida.
Sabemos que todos ustedes están con él, cada uno a su manera y que son una cálida familia para él.
Gracias de corazón.
En la tierra: Hna. Dalmazia, Ermanna y Rosy
En el cielo: mamá, papá, Giovannino y Giuseppe
• Fue una conmoción indecible al ver 12 jóvenes tendidos en el suelo al canto de las Letanías. Luego se volvieron a levantar para ser ordenados SACERDOTES para siempre. Este milagro de la Iglesia viva en el 2024 se realizó el 16 de julio con el Obispo Mons. Antonio Santarsiero y miles de miles de fieles que se unieron estrechamente alrededor de los 12 por casi 5 horas. Y después se estalló la alegría, cada uno con sus familiares y tantos amigos.
• STOP, el día 17 tuve que quedarme quieto. La radiografía nota un riesgo de rotura del tendón de Aquiles, mejor bloquearlo enyesándolo. Acepto. En casa las 24 del día.
• En el portal de la Iglesia de Milán aparece un artículo
Padre Antonio Colombo, desde hace 60 años es sacerdote de dos mundos
Entre los «fidei donum» (“don de la fe”) que acogerán al arzobispo Delpini en Perú, en Huacho estará también padre Antonio sacerdote de Lecco de 83 años que, después de experiencias en varias parroquias ambrosianas y en misión en Zambia, en el País sudamericano recién ha festejado un significativo aniversario de ordenación. Un gran hombre con una sonrisa sincera.
• Miércoles 24 de julio, sentado tranquilo en la silla de ruedas recibo al Mons. Mario Delpini, al término de su visita a los misioneros milaneses en Perú, desde el Amazonas hasta los Andes. Intercambio de sonrisas, bromas sobre mi buzo de la Juventus, la foto de recuerdo y entrevistas serenas, dulces. Ni siquiera fue un día, pero fue inolvidable con la Misa solemne en la Catedral. Me llevan gentilmente con la silla de rueda hasta colocarme a los pies del altar. Disfruto de la concelebración y escribo en mi corazón los tres verbos de la prédica: “Escuchar, confiar, actuar”, es decir escuchar la palabra de Dios, confiar en Él y poner en práctica el Evangelio. Todos se preguntan qué cosa me ha pasado en la pierna derecha, y aun así me ven sereno, hasta radiante, según un comentario que me han escrito.
• Esta vez me ha tocado a mí ser un televidente más del canal 36 TV Huacho que desde Sayán ha transmitido la ceremonia con la Misa del traslado del padre Vittorio Ferrari del cementerio a su Iglesia. Un amigo más en el cielo, un gran amigo super amado y estimado por su gente. Estoy convencido que en el cielo sonreirá ingenuamente.
• Los días pasan en reposo, la oración, la lectura de un libro grueso sobre el Cardinal Carlo Maria Martini, la celebración de la Misa en casa y, por qué no, algunas horas delante de la TV para las Olimpiadas de Paris 2024. El día 7 de agosto se han asignado tres medallas de bronce, la primera por el velerista Stefano Peschiera del Perú, la segunda para Muzala Samukonga de Zambia por los 400 metros planos, la tercera para Italia de Ganna y sus compañeros por ciclismo en pista. Un poco para uno no le hace mal a nadie.
Con esta frase en latín: “Ad Deum qui laetificat juventutem meam” inicié la celebración de mi primera Misa en 1964, tenía 24 años. Ahora, a mis 84 años, la repito con su valor que sobrepasa el tiempo: “A DIOS QUE HACE FELIZ MI JUVENTUD”.
Don Antonio Colombo
Huacho, 15 agosto 2024
Traducido por: Damiana Pozo