No quiero escribir otro boletín de guerra como en 1988 en África en Zambia.
No tuve ni el tiempo de digerir las tortas de mi cumpleaños n° 82 el día 6 de diciembre ya que el 7 de diciembre se desató el cataclismo con el mensaje a la nación del presidente Pedro Castillo.
“Se imponen las siguientes medidas: disolver temporalmente el Congreso de la República y constituir un gobierno excepcional de emergencia…” ¿Es un golpe de Estado?
Día caótico, todos en vilo. El Congreso -no sé cómo- logra con votación en pleno la destitución del presidente Castillo quien, tal vez sintiéndose traicionado, intenta llegar a la Embajada de México, pero es detenido y encarcelado. La Vice presidente es nombrada presidente, por primera vez quien asume el cargo es una mujer: Dina Boluarte.
Desde aquel día el Perú está convulsionado, especialmente las ciudades del sur, llegando al punto de bloquear simultáneamente 178 carreteras principales del país, que permanece paralizado.
Han pasado dos meses y el caos continúa con 54 muertos en los enfrentamientos con la policía, 11 muertos a causa de los bloqueos de las carreteras, 15 marchas “pacíficas y violentas” por la así llamada “Toma de Lima”.
Diarios y canales europeos han hablado y hablan, las imágenes que publican son de espanto.
La oración y el grito del Papa no han causado efecto: “Que cese la violencia, venga de donde venga”.
Lloro y ruego. Varias noches he tenido pesadillas.
Atesoraré el mensaje de mi arzobispo Mario Delpini.
Estimado padre Antonio,
Con mucho gusto invoco una bendición especial para ti y para todo el Perú. Las noticias alarmantes son mayoritariamente ignoradas por la comunicación pública italiana.
Espero que el país vuelva encontrar algo de paz.
Estoy contigo en la oración y el afecto. Sé prudente, siempre. Hazme saber cómo se desarrolla la situación.
Ten confianza
+ Mario
No puedo escribir más. Así es como he pasado estos meses.
Estoy sorprendido conmigo mismo: estoy vivo, soy cristiano, soy misionero y camino en Perú, un país tan lejano de mi natal Dolzago del 6 de diciembre de 1940, en plena segunda guerra mundial.
Aquí siempre es súper importante el día del cumpleaños, rodeado de familiares lejanos y amigos cercanos. La torta número 8 la regalé a las niñas de la Beneficencia, solo no podía probarla. La novedad del año post covid fue la cena con los estudiantes de italiano, una verdadera cena no online como la clase. Más de 30 presentes con la alegría de vernos y conocernos, de cantar, reír y tomarse fotos, sobre todo con la torta que es el momento mágico de siempre. Con el mismo ritmo alegre y sereno, los demás momentos de convivencia con los ancianos del comedor parroquial y la Nueva Familia Italiana en Huacho. El momento religioso fue intenso con los súper fieles que están cada mañana en la misa de las 7:30. Aquí también torta, vela y canción: “Cumpleaños feliz te deseamos a ti”.
Un canto de Adviento expresa bien el momento que vivimos.
VEN, VEN, SEÑOR, NO TARDES;
VEN, VEN, QUE TE ESPERAMOS;
VEN, VEN, SEÑOR, NO TARDES;
VEN, PRONTO, SEÑOR.
El mundo muere de frío,
el alma perdió el calor;
los hombres no son hermanos,
el mundo no tiene amor.
Envuelto en sombría noche,
el mundo sin paz no ve,
buscando va una esperanza,
buscando, Señor, tu fe.
Al mundo le falta vida,
al mundo le falta luz,
al mundo le falta el cielo,
al mundo le faltas Tú.
Publico con letras grandes en Facebook la frase de San Francisco: “Señor haz de mí un instrumento de tu paz”.
A partir del 12 de diciembre se activan medidas de emergencia mientras aumenta el caos. El pánico invade a los novios que habían elegido la fecha mágica de su boda. Una señorita me dice llorando: “Mi futuro esposo es policía y lo mandaron a una zona caliente, rece por él”. Todo aplazado, ¿hasta cuándo?
Un periódico escribe: “Hoy 22 policías heridos, 12 son civiles, dos están muertos. Daños materiales en tres aeropuertos atacados simultáneamente: Cuzco Puno y Arequipa.
El país está dividido en no sé cuántas partes.
Se saltan las programaciones de la prisión y de la escuela de Peñico. Pero siempre hay quienes no se dan por vencidos. Sorpresivamente aparecen los médicos del Hospital Regional que quieren hacer una buena obra por Navidad y buscan un lugar con niños pobres, ya cuentan con la autorización de la Policía y autos propios. Les envío la lista de 60 alumnos de una escuela en el pueblo LAS MINAS en las montañas. Hay tiempo para comprar regalos, buscar un payaso para animar la fiesta y el 13 de diciembre nos vamos en una caravana de 5 carros, a 50 km de distancia. Nos encontramos con poca gente en el pueblo, pero es suficiente para tocar la campana de la capilla que se llena de niños y madres en 15 minutos. Se reza y cantan villancicos. El coro espontáneo está formado por los propios médicos que integran a todos los niños que se animan muy felices. Una hermosa bendición y luego… el programa de la fiesta despega, simplemente ocupando una calle del pueblo. Los juegos más variados están animados por un payaso que integra y demuestra simpatía, luego rebanadas de panetón, una taza de chocolate caliente, regalos personalizados; todo pasa rápido bajo el sol y en el polvo. La maestra también organizó un almuerzo para todos los invitados. ¡Qué grande es el corazón de los pobres, de los humildes!
De regreso, veo tanta alegría en los ojos y rostros de los médicos, que más de dar, han recibido. Yo también me voy feliz a casa con dos piedras en la mano que brillan por el oro de las minas. Un regalo inesperado, el famoso oro del Perú.
Incluso la Caja Sullana no se ha detenido, los niños de la escuela Dulzura que se encuentra en el cerro no saben de política, simplemente esperan un chocolate con Papá Noel. A ellos se unen el director y los empleados del banco, vestidos de rojo, con camisetas y regalos para los 53 alumnos y sus 3 incomparables maestras. Papá Noel también trajo mesitas y sillas nuevas para los niños de tres años. Es fiesta, es pura alegría, el Niño Jesús calienta los corazones.
El concurso estaba programado, no se suspende, estamos a tres días de Navidad.
Entrar en la cárcel casi como “invitados de honor” causa efecto, pero es justamente así, nos esperan desde hace tiempo, hace 13 años, siempre para el concurso de peseres entre los seis pabellones. La emoción de aquellas tres horas con ellos permanece en ti por lo menos cuatro días. Es también un encuentro físico de manos que se estrechan, de palabras que se intercambian, de sonrisas y tristezas como cuando te suplican: "¡No nos abandones, necesitamos la Eucaristía!". Para cada pabellón súper decorado y lleno de colores, el esquema es este: una oración o reflexión bíblica, un canto navideño, un baile o teatro, palabra del padre Antonio, y mucha agua bendita que llegue lo más lejos posible incluso más allá de las rejas. Hay jóvenes, hombres adultos y también un buen número con cabellos blancos. Mientras los tres miembros del jurado examinan los pesebres al detalle, también me las arreglo para tener breves entrevistas privadas y susurradas. No falta la tristeza, pero siempre aparece una pequeña luz de esperanza.
Sólo dos de los muchos detalles. En el pabellón tres, alrededor del belén había 10 animales de tamaño natural, desde la cebra hasta el león, obra del laboratorio de manualidades. Parecían vivos, solo faltaba el elefante. En el pabellón de mujeres, quise escuchar el bis de la canción: "Noche de paz, noche de amor..." cantada por una señora de voz melodiosa, conmovedora, dulce. Escuchaba y mientras tanto observaba a una madre que tenía un niño pequeño en brazos que seguía durmiendo plácidamente como el Niño Jesús en Belén.
Le tocó al director entregar los premios, era la primera vez que vivía un momento tan único en un lugar tan difícil. Son los milagros del Niño Jesús.
Ya conozco los ritmos navideños locales, con la prioridad en las celebraciones familiares que en una solemnidad religiosa que se vive en la Iglesia. Pero siempre hay Misa de Gallo, celebrada por el Obispo con los tres sacerdotes de la parroquia. Muy bello y original es el belén de estilo barroco, donde se coloca al Niño Jesús justo antes de cantar el Gloria a Dios en las alturas. El coro de niños y adolescentes tiene tonos fuertes y solemnes, lo justo.
Y llega el momento central: la consagración, cuando el misterio de Belén se renueva y Jesús se convierte en una pequeña Hostia blanca para nosotros. Fue precisamente en ese momento que sentí -casi físicamente- una paz entrar en mí, una gran paz, una tranquilidad única, después de un 2022 con muchas lágrimas. Es esta paz navideña la que aún guardo en mi corazón.
Para hacer el bien, no hay que mirar el calendario. Navidad ya pasó, pero en las zonas rurales siguen esperándola, después de dos años de covid. Así que el 28 de diciembre se parte hacia Peñico, un pueblo con un puñado de casas, una capilla, un pequeño centro médico y una escuelita, entre montañas áridas, un arroyo y una extensa plantación de mandarinas. Preciosa, nítida es la escuelita con menos de 50 alumnos de 3 a 10 años, muy simpáticos. Hay familias con raíces de inmigrantes italianos que nos involucran desde hace más de 10 años. Debido a la tormenta política, retrasamos la fiesta por 15 días. Somos 15, con una camioneta y una minivan, llegamos a Peñico no exenta de escalofríos por un camino de tierra y ondulado, entre zonas de cultivo, desierto y rocas. Una niña de 6 años me esperaba en la plaza desde hacía horas. No tuve ni siquiera el tiempo de sacar el pie del auto que llega gritando mi nombre y abrazándome. Su nombre es Mildred, estalla de alegría por todos lados, me toma de la mano y durante 20 minutos me lleva de aquí para allá a buscar la llave de la capilla, a ver el progreso de la escuela y las pequeñas novedades del pueblo. Como abuelo, me dejo llevar por ella, manteniendo una amena conversación. El momento central es la Misa en la capilla, limpiada rápidamente. Todo es sencillo, familiar, con los niños rodeando el altar y formando un solo coro con los mayores para el villancico de Burrito sabanero, el burrito de Belén. También hay dos niños recién nacidos, mimados por madres jóvenes. Es Navidad, la verdadera, con el Niño que entra en el corazón de todos, para darnos paz y serenidad.
Llega el ansiado payaso y de inmediato se desata la fiesta, involucrando a todos durante tres horas, desde abuelas hasta madres, desde niñitos de jardín hasta niños de primaria en una sucesión interrumpida de juegos, diálogos, canciones, rebanadas de panetón y los ansiados regalos de Papá Noel. La chocolatada caliente se reemplaza con coca cola o inka cola, la sed es mucha bajo el sol. También está la distribución de ropa, hecha con orden y dignidad. Sereno y feliz, me quedo allí entre ellos, con una joven agrónoma y los voluntarios que se encargan de todo. Llega el tiempo para un almuerzo ofrecido al grupo por las madres de la escuela, para mí pasta al pesto y una costilla de cerdo, deliciosa.
El último saludo es para mi pequeña amiga Mildred que ha ganado varios regalos, gracias a su fluidez e inteligencia. La veré nuevamente el 14 de diciembre de 2023, la cita ya está escrita en el libro del director.
El sueño de tener aquí el Centro Deportivo Italiano (Centro Sportivo Italiano) para ver mi mini estadio 70 y sobre todo a mi grupo de futbolistas data de hace diez años. Finalmente, en junio de 2022 el mismo arzobispo Mario Delpini indicó al CSI como destino Perú tanto en Huacho donde se encuentra el padre Antonio como en Pucallpa con los demás misioneros de Milán.
“Una misión en un contexto difícil, por la compleja situación sociopolítica que está viviendo el Perú. Nos movíamos con cierta circunspección, sentíamos la tensión social”, escribe el presidente Massimo Achini. Le tocó a Valentina Piazza, responsable de 'CSI por el mundo', realizar los contactos necesarios. Ya no sabía qué decir: "Sí, vengan... no, no vengan, es peligroso... una aclaración, vengan... no, están atacando Lima... hay una tregua por Navidad", VENGAN".
Justo el primer día del nuevo año 2023 el avión aterrizó, Massimo y Valentina están felizmente en Lima.
“El primer recorrido fue en Huacho, con el padre Antonio Colombo. Él mismo se define como 'cáliz y balón' por su fuerte sensibilidad deportiva. Tuvimos el placer de entrenar a sus jugadores desde niños de 8 años hasta chicos de veinte años. Vimos a su equipo pelear y vencer al Club Piérola de la Primera División local. Que tal el torneo Copa CSI organizado con 5 equipos del penal de Carquín y dos del club deportivo Padre Antonio Colombo. El director también estuvo presente en el torneo. Entrar al penal de Huacho fue más que un sueño. No sé si conoces al padre Antonio y si se tiene la suerte de ser invitados por él. Fue un privilegio y una experiencia verdaderamente inolvidable. Sobre todo, el hecho mismo de haber entrado como "europeos" (gracias al poder del padre Antonio) no es nada evidente. Puerta, documentos, rejas y luego, llegando al campo, ese sentimiento de fraternidad, humanidad y normalidad que solo el deporte puede dar. Muchas gracias al padre, este es un gran regalo”.
Massimo habló durante 15 minutos a los 7 equipos alineados sobre los valores humanos y cristianos del deporte. Más que con palabras, se expresaba con gestos, como un auténtico italiano. Y entonces estalló la batalla, horas y horas de buen fútbol masculino, hasta la final que premió a los 6 del padre Antonio, con la emoción de los penales. Valentina, como dama de honor, entregó los premios y posó para muchas fotos. Emoción y serenidad, en el campo todos eran libres.
“También nos encontramos con el Obispo, visitamos a algunos párroquias y pasamos una noche dedicada a los italianos de tercera generación que tienen abuelos o bisabuelos originarios de nuestro país”.
El trabajo del CSI es crear una hermandad entre Milán y Huacho.
“En definitiva, tras el parón impuesto por la pandemia, 'CSI por el mundo' se reinicia con renovado vigor, confirmando que el arraigo del deporte en la periferia del mundo funciona”.
Es una asistencia que arranca desde Milán y va en línea en Perú.
Si son rosas, florecerán. Eso espero, mucho. Mis chicos sueñan con Italia.
La cita es para agosto, nuevamente en Perú.
Todo transcurrió sin problemas, la pausa natalicia ha sido respetada.
No olvido mi primer deber desde mi arribo a Huacho el 2007: capellán de los hospitales. Lamentablemente con algunos altos y bajos por mi salud que no me ha permitido de continuar el ritmo habitual de cada semana.
Por Navidad he ido a visitar y bendecir a los enfermos del Centro de Diálisis que está a 100 metros de la catedral, lo veo desde el altar. Aprecio la modernidad de las máquinas y la paciencia de los usuarios por las tres horas en las que regeneran su sangre.
Me paso más de dos horas en el Hospital del Seguro con el recorrido fijo: los pocos niños en pediatría, los muchos enfermos de medicina incluidos los muy graves, la treintena en el área de cirugía en el pre o post operatorio, las madres en espera en ginecología, las madres felices con su pequeño que ya están lactando, dos recién nacidos están en las incubadoras, mientras al fondo está la sala de partos con una mujer que quizás dé a luz en Nochebuena. Emocionalmente más difícil es la visita a emergencia y sobre todo a la unidad de cuidados intensivos. También hay familiares que piden una oración y una palabra de consuelo. Para todos: una pequeña postal navideña, unas gotas de agua bendita, una breve conversación y una sonrisa.
A dos días de Navidad me invitan al Hospital Regional donde los médicos y enfermeros de las distintas áreas están listos para el concurso de villancicos. Una maravilla, sobre todo porque los cantos van acompañados de 15 grandes canastas de comida para las familias pobres de la ciudad. Se necesita una camioneta para llevar todo a la parroquia. Llevé cuatro canastas a las 10 familias que quedaron sin hogar por un incendio en Sayán. La Providencia todavía existe.
El sábado 24 por la mañana tuve que pedirle a mi cuerpo un esfuerzo extra para visitar a todos los pacientes en el mismo hospital Regional, hay por lo menos 50 más que el otro, distribuidos en tres plantas. Fue agradable intercambiar saludos solo unas horas antes de la Nochebuena - noche feliz - como llaman aquí a la vigilia de Navidad.
Saqué el cansancio el día de San Esteban con un buen panetón “Tres Marías” (“Tre Marie”) de Milán y un espumoso de las colinas de Asti.
Celebrar los matrimonios, era una alegría que en los años de covid 2020/2021 me hacía falta. Así que el 2022, antes de terminar el año, el 29 de diciembre, celebré el matrimonio número 68.
Pienso que muchos de mis colegas párrocos italianos me envidiaran.
El 2023 no promete muchas cosas buenas, pero un amigo me ha dicho: “Calma, padre Antonio, lo lograremos, recuerda que DIOS ES PERUANO”.
Este consejo lo mantengo en mi corazón.
Padre Antonio Colombo
Huacho, 11 de febrero 2023