Se retoma el 2 de febrero, día en que la Virgen de la Candelaria de Puno tuvo que dar marcha atrás, por precaución.
Demasiada violencia y tristeza en la ciudad de Puno, con 17 muertos en los duros enfrentamientos con la policía.
Los disturbios, que según algunos tienen más un trasfondo racista que político, continúan durante todo el mes de febrero. El Perú profundo de las regiones del sur andino, sobre todo con su base aymara, se siente aplastado y abandonado por el Congreso "símbolo de una Lima excluyente y racista".
El intento de romper el muro formado por la policía que protege a los palacios del poder, se hace cada vez más violento, día tras día, no solo en el centro de la capital Lima. La economía está en caída libre y las carreteras están bloqueadas con grandes repercusiones en todos los niveles, escuelas cerradas, hospitales con escasez de medicinas, etc.
Los gritos para el cierre del Congreso y para la destitución de la Presidente Boluarte, se hace cada vez más fuerte, pero no son escuchados. El ejército también se lanzó al campo de batalla mientras se llevaban a cabo las votaciones nulas sobre la cuestión de las nuevas elecciones. El número de las muertes crece, las lágrimas, como la sangre corren en tantos puntos del país. Huacho vive una extrañísima calma.
Sin embargo, la gente está cansada, de cualquier parte así sea adherida. El intento de la Iglesia de hacerse intermediario no hace efecto, ninguno logra construir puentes de diálogo, justicia y paz.
Una tristeza entra en mi corazón.
El balance final del periodo de los cuatro meses de protesta es duro, alcanza a unos setenta muertos e inmensos daños morales y materiales, en todo el país.
A finales de marzo, las protestas se detienen. ¿Por qué? ¿Quién ganó, quién perdió? No se sabe, casi todos afirman que todo se paralizó cuando la naturaleza desencadenó al ciclón Yaku.
En medio de la tempestad social- política llega el ciclón YAKU, una tormenta tropical que se forma en el Océano Pacífico. Después de 40 años se desencadena en Perú con vientos fuertísimos y lluvias intensísimas que causan fuertes inundaciones, con “huaycos” es decir deslizamientos de tierra, lodos y piedras, llevándose consigo casas y puentes e inundando terrenos agrícolas. Cerca de 20 días en la cual la angustia crece con la cifra de muertos y desamparados sin un techo donde refugiarse, van en aumento en seis regiones del país.
De nuevo, como en el covid, sobresalta tristemente a la luz la falta de preparación de las instituciones, del gobierno central y local.
No falta la generosidad y el coraje como la de un joven que logra rescatar a un niño de solo dos años, ya sumergido en el agua y en el lodo que implacablemente se lo llevaba.
En Huacho no había peligros en el horizonte, estamos en una zona desértica, caen unas pocas gotas de agua al año. Como parroquia, en tiempo de Cuaresma, fomentamos la atención a los pobres -que de verdad no faltan- con una colecta de alimentos y ropa, ya en su segundo año. Tiene lugar el domingo 12 de marzo, la gente colabora (sinceramente, NO DEMASIADO) para que podamos planificar la distribución en las zonas periféricas más pobres de la ciudad.
A última hora de la tarde, las emisoras y televisiones locales lanzan un grito: ha llegado el ciclón Yaku. El hospital de Sayán está inundado, Irrigación Santa Rosa, Jaiva, Monguete, Peñico, Chambara tiemblan bajo intensas lluvias, que crecen el río Supe y penetran en las numerosas casas con techos más que provisionales.
Abro mi Facebook y aparece una familia amiga de Sayán, intentando lo imposible por salvar algo, mientras que el agua y el barro se adueñan de todo a su paso.
En la mañana del lunes 13 llega la confirmación del párroco de Sayán, la tierra tan querida del padre Vittorio Ferrario. "Sí, estamos en problemas, pedimos ayuda, mucha gente lo ha perdido todo. Desde el cerro San Gerónimo y los valles secos que rodean el pueblo, descienden con barro y piedras, convirtiendo todas las carreteras en torrentes impetuosos. Un desastre total, ayúdennos".
Ya, pero yo no estoy bien, tengo que viajar para Italia, tengo poquísimo tiempo, faltan ocho horas para mi vuelo.
En un abrir y cerrar de ojos nos organizamos, dos minibuses de la línea Sayán, en lugar de pasajeros, se llenan hasta los topes con toda la recolección adecuada de comida y ropa y parten a toda velocidad hacia su destino: las manos extendidas del padre Humberto.
Respiro al recibir las fotos del milagro.
Cansado pero sereno, hago la maleta y me voy, con la gran duda en el corazón: ¿volveré o no volveré a Perú?
Cierto estoy llegando a mis 83 años. Los achaques en la salud no faltan, pero nunca había conocido la palabra española: PLAQUETA. Del control de sangre a fines de febrero sobresale la observación del gran riesgo por tener las plaquetas a un nivel bajo, solo 84.000.
Un cardiólogo amigo de Milán y la doctora de confianza de Huacho, concuerdan sobre la gravedad del dato y de la necesidad de una profundización seria. “¿Dónde? En Italia, aquí no, primero ve, es mejor, ¡puede haber algo muy serio!”
Lloro y luego consulto con mi hermana Dalmazia, el Obispo de aquí y el Arzobispo de Milán. La orden es: “Ve”
A los fieles no sé que decir “Adiós o hasta pronto”.
Con el rostro pálido y el cansancio del cuerpo, aterrizo a Milán Malpensa el martes 14 de marzo.
Si continúo a escribir desde Perú, quiere decir que me fue bien.
La única preocupación es realizar rápido y bien todos los análisis inherentes a la plaquetopenia. La doctora Liliana es la guía segura y gentil que me acompaña en todos los pasos necesarios en el Hospital de Legnano. Realizo la lista de las citas que me creaban noches de insomnios y ansia: análisis de sangre, rayos X, ecografías, Tac, Holter, ecocardiograma.
Después de un mes ha tocado a la hematóloga recoger todos los datos filtrados por la red informática del hospital, sopesarlos y decirme: “Ya te estás recuperando muy bien de los valores de las plaquetas, esperemos algunas semanas más… creo que podrás volver a volar”.
Después de los exámenes al corazón, el cardiólogo, amigo hace veintidós años me dice. “Sí, por tu edad y tu historia clínica, sustancialmente estás estable como en el 2022. Sé prudente, continúa controlando tu corazón cada seis meses… Puedes ir”.
A los lectores peruanos claramente les nasce una pregunta: “Pero ¿cuánto le ha costado todo esto? ¿Cómo ha conseguido el dinero, le han hecho prestamos?” “Solo ha sido necesario mi tarjeta sanitaria italiana, todo es gratis!” Viva Italia con el sueño que algún día el Perú pueda llegar a ese mismo nivel.
Campamento base, el hogar y el cariño de mi hermana Ermanna, con los ritmos de un jubilado con la posibilidad y la alegría de celebrar la Misa en familia. Mis pensamientos siempre corrían a Perú, especialmente para la Semana Santa. No me olvidaba de la escuela de italiano online, aunque tenía que levantarme a las tres de la mañana para ver a todos en la computadora, sabiendo que en Perú eran las ocho de la noche del día anterior.
Nunca tuve fiebre, así que tuve algunos días libres para salir.
• Domingo de Ramos en el Altopiano con 200 personas, tanta alegría en la belleza de la liturgia y en la vivacidad de los niños.
• Jueves Santo en la Catedral con 600 sacerdotes vestidos de blanco para renovar su SÌ en la Misa Crismal con el Arzobispo.
• La Vigilia pascual con mis tres hermanas en la majestuosa Catedral de Fossano. Cristo está vivo y resurge en todas partes.
• La Misa en Ello, pequeño pueblo donde se han casado mis padres en 1934. Se han reunido más de 50 familiares de la cepa originaria, con la tercera y cuarta generación. Una emoción.
• En Cerro Maggiore por la fiesta del Crucifijo con 16 sacerdotes, incluidos aquellos que crecieron conmigo en el oratorio, hace tantos años.
• La serenidad que me han transmitido el Mons. Mario Delpini y el Cardinal Angelo Scola, en conversaciones personales.
“Descansa, pasea, agradecemos a Dios”
Mientras los valores de mis plaquetas subían, recibí esta prescripción de Huacho: “Ahora descansa, sal a pasear, gracias a Dios”.
Hacía años que tenía pendiente una invitación a las Cinque Terre de Liguria. "Por fin, ven, te estamos esperando, será hermoso", me escriben Ornella y Riccardo. En un tren rapidísimo, llego a su casa en Lavagna, acogido también por tres perritos vivarachos y simpáticos.
A las Cinque Terre sólo se puede llegar desde el mar: son cinco pueblecitos aferrados a las colinas rocosas que se sumergen en el mar transparente y azul como el cielo. Eran muy pobres, ahora respiran riqueza con el turismo. De allí emigraron muchas familias que ahora viven en Huacho, como los Bisso, Lanata, Brissolesi, Rocca, Vaccari, Raffo, Traverso, Queirolo, Tasso, Canepa, Copello, Piaggio, Berisso, Garibaldi...
Tres días de sol, mar, verdes colinas, viñedos aferrados a las rocas, deliciosos platos de pescado fresco, iglesias llenas de obras de arte como la de Santa Giulia, con vistas al mar, donde fue bautizada Regina Maria Sivori, emigrada a la Argentina, quien fue la madre del Papa Francisco, mientras que su padre era piamontés.
El día mágico fue el que pasamos en Vernazza, el corazón de las Cinque Terre. Mis dos amigos Ornella y Riccardo nacieron allí, se respiraba un ambiente de hogar, historias bonitas y tristes como la inundación de 2013 que arrastró agua y barro hasta empujar carros y barcas al mar.
Almorzamos en una trattoria en la plaza a pocos metros del mar El mejor menú es elegido por un amigo del colegio. Con la barriga llena no me siento con ganas de caminar un kilómetro cuesta arriba para llegar al estacionamiento, estaba cansado. Una amiga de Vernazza interviene: "Padre, no se preocupe, vamos a llamar al alcalde para que le abra la barrera". Así fue.
El aire del mar purificó mis pulmones y devolvió la fuerza a mi voz. Las fotos inmortalizaron la belleza de la creación, incluido el momento en que disfruté de un helado en Portofino, mítico lugar de vacaciones de los ricos.
Los niños me llamaron el 27 de abril e inmediatamente yo tomé el vuelo hacia casa. Fue justo así, en un video de solo 8 segundos. aparecen los niños de Peñico que con su director cantan y gritan a todo pulmón: “Venga pronto, padre Antonio”. La escuelita está a 30 km de Huacho, más de un alumno ha sufrido por las inundaciones, pero quieren verme. ¡Cuántas veces he vuelto a ver aquel video!
Para todos mis familiares y amigos está claro ya que tengo una gran gana de regresar. El consejo de mi amigo cardiólogo es definitivo: “Sí, puedes ir, pero ten cuidado, los años pasan…”
Solo me faltaba la visita al cementerio de Casatenovo para saludar a papá, mamá y a mis dos hermanos. Para cerrar el círculo afectivo, doy un salto para pedir la protección de la Virgen en Caravaggio. Mis amigos siempre están listos para satisfacer mis “caprichos” de los últimos días de mi estadía.
De casa a casa son 24 horas de viaje. Rezo el Rosario por lo menos 10 veces, es mi manera de rezar cuando estoy en el avión.
El sábado 6 de mayo por la noche abro la puerta de mi casa en Huacho. El domingo 7 de mayo es una fiesta de sonrisas, abrazos, ojos llenos de luz en mí y en los que me esperaban ansiosos. Me ven rejuvenecido, con el rostro ya no pálido y la barriga llena de la deliciosa comida italiana.
Qué sorpresa también para el Obispo cuando entramos en la catedral por la concelebración.
De inmediato y espontáneamente, resonó un estruendoso aplauso mientras todos sonreían y tenían los ojos llenos de luz enfocados en mí mientras caminaba despacio y muy emocionado. La Misa fue realmente un acto de agradecimiento a Dios que me permite caminar un poco más por aquí.
Durante días y días, incluso en las calles, encontré el mismo sentimiento de alegría, desde los taxistas hasta los ancianos, desde los niños hasta las personas en silla de ruedas, desde los pobres hasta los ricos: "Qué bien, ha vuelto, Padre, ya no le esperábamos. Le echábamos mucho de menos".
Desde Argentina este mensaje: 'Bienvenido a América Latina, don Antonio. ¡¡¡Dios nos bendice con su presencia entre nosotros!!!".
Para terminar esta vez escribo algunos nombres, como hacía a menudo San Pablo al finalizar sus cartas.
Tuve la alegría de conocer mejor a mis sobrinas Gabriela, Leonor, Rudy con Simo y Giovanna Maria con sus hijos: Samuele, Priscilla, Daniela, Greta, Andrea y Arianna. Eran pequeños en el 2007, ahora son adolescentes y jóvenes llenos de vida y gentileza, come en el día de Pascua que transcurrimos juntos.
Mis amigos de Cerro Maggiore: Liliana, Silvana, Enrico y Giordano, verdaderos ángeles de la guarda de mi salud.
Siempre la familia con Sor Dalmazia, Ermanna, Rosy y Vicente.
Entre los sacerdotes, una bella amistad con el padre Luigi Caimi, el padre Ernesto Belloni y el obispo Mons. Gaetano Galbusera.
Por la ayuda económica de la Cuaresma, la parroquia de San Carlo en el Altopiano de Seveso, San Martino y S. Maria Goretti de Milán y el grupo misionero de Casatenovo.
A todos los médicos, enfermeros y técnicos que han estabilizado mi salud.
Ya estoy en marcha sea en el campo estrictamente sacerdotal que en lo social. El primer proyecto en el que estoy comprometido es en echar las semillas de la hierba Bermuda para hacer reverdecer mi campo de futbol Stadio 70 para el Grupo Deportivo Padre Antonio Colombo. Los chicos vibran.
Sembrar, un verbo de gran significado bíblico.
Es un estímulo para continuar hacia mis 59 años de sacerdocio (el 29 de junio) y después los 83 de vida.
Viva Italia, Viva el Perú.
Padre Antonio Colombo
Huacho, 6 de junio del 2023