Ochenta, un numero armonioso(redondo), completo, que abarca
un largo camino y deja abierta la puerta para continuar unos
pasos adelante. Me toca a mi alcanzar esta cima de mi cumpleaños.
el domingo 6 de diciembre del 2020.
recuerdos de mis movimientos por el mundo
Dolzago, el pequeño y sereno pueblo donde nací el 6 de diciembre de 1940. Lamentablemente, los primeros recuerdos son de la Segunda Guerra Mundial cuando mamá escuchó el rugido de los aviones acercándose e inmediatamente como una gallina nos reunía bajo el dintel de la puerta de entrada, un lugar seguro. Miedo, silencio, prohibido llorar hasta que el ruido de la guerra se desvaneciera. Tenía cinco años aquel 25 de abril de 1945, día de nuestra Liberación de los alemanes, cuando desde lo alto de nuestras ventanas veíamos pasar a los camiones llenos de partisanos felices ondeando las banderas tricolores que nunca antes había visto. En mis ojos se me ha quedado grabado ese tanque de guerra inglés que llegó a dos kilómetros de mi casa, estaba allí parado y tranquilo en los campos de trigo que después del invierno acababan de brotar. Papa Noé me tenía en brazos, yo estaba muy asustado. "Antonio, cálmate, se acabó la guerra, no dispara, puedes tocarlo." Me hizo tocarlo, estaba caliente, al lado había un soldado sonriente que seguramente me dijo unas palabras en inglés para tranquilizarme.
Casatenovo, en noviembre de 1950 acoge a nuestra familia ahora completa con tres varones y tres mujeres, en un nuevo barrio de obreros: un salto de calidad con agua y baño en casa. La escuela es sólo para varones, la Iglesia es grande y artística con el oratorio al lado, un centro de juegos y de oración para los niños, siempre guiados por un sacerdote que daba ánimo y cuerpo para nuestro crecimiento humano y cristiano en alegría. El oratorio pronto se convierte en mi segundo hogar, con los amigos tanto como para correr, como para jugar, como para sudar, siempre con el catecismo y un momento de oración en la capilla. Justo en la capilla sucedió algo extraño un domingo por la tarde, estaba todo sudado, se cantaba y se rezaba, mientras yo, miraba hacia el gran crucifijo de bronce sobre el altar. He sentido el llamado, un susurro que se originó en ese crucifijo... no sé cómo, pero desde ese momento nació en mí el deseo de ser sacerdote
En el Seminario, en San Pedro, mamá y papá me acompañaron serenamente un año después de aquel misterioso momento. Yo tenía 13 años ya vistiendo la sotana negra de clérigo según las tradiciones de aquellos tiempos. Siempre he conocido buenos profesores para los estudios en la secundaria y después de teología, un padre espiritual para la formación interior, un rector para la disciplina, pero sobre todo he tenido una guía excepcional: Monseñor Giovanni Battista Montini que luego se convertiría en el papa Pablo VI. Conservo preciosas fotos en blanco y negro que testimonian esto camino con él desde 1954 en Roma cuando fue consagrado obispo. La más personal está aquí conmigo en Huacho, en la pared del comedor. Tengo veinte años, llevo la sotana con la faja estilo ambrosiano, estoy con una rodilla en el suelo para besar el anillo que el arzobispo lleva en su mano derecha, mientras que él desde arriba me mira con ojos serenos y luminosos. En 1961 siempre es él quien me realiza la tonsura, cortándome el pelo en cuatro lugares de mi cabeza para indicar que desde ese momento pertenezco a Dios. Hasta ahora me da escalofríos y dentro de mi escucho resonar su voz profunda, casi de barítono. En 1964 estoy en Roma con mis 75 compañeros, de nuevo a unos centímetros del Papa Pablo VI que nos bendice a todos a un mes de nuestra ordenación sacerdotal. Pasan diez años, voy a África precisamente en la Misión que fundó en Zambia. Pasan 40 años, llego a Huacho y me encuentro el salón parroquial que lleva su nombre: Pablo VI. Tengo un Santo amigo en el paraíso.
En la Catedral de Milán recibo mi ordenación sacerdotal de manos del cardenal Giovanni Colombo, es mi nueva acta de nacimiento con fecha del 27 de junio de 1964. Somos casi 100 jóvenes que yacen sobre el mármol antes de sentirnos llamados uno a uno para recibir la sagrada unción sobre las manos. Todo cambia en nosotros, somos amigos de Jesús, dispuestos a traer su reino al mundo. Estalla la fiesta con familiares, amigos, con el pueblo de Casatenovo que vive tres días de paraíso con dos nuevos sacerdotes: Padre Piergiorgio y Padre Antonio. Mi primera Misa es el 29 de junio. No tengo palabras para describir lo que he vivido. Testigo es el cáliz que desde aquel día ha caminado y camina conmigo desde hace 56 años, de un altar a otro por el mundo.
"En Cerro Maggiore los chicos te esperan, vamos". Durante dos meses había sido nombrado vicerrector en el seminario de Venegono, cuando una tarde llegó el volcánico Padre Vittorio Branca, párroco de Cerro Maggiore, a recogerme para el nuevo destino. Precisamente con la juventud volarán mis primeros 10 años de sacerdocio. La bicicleta me permite desplazarme rápidamente aquí y allá en el pueblo que es mitad agrícola y mitad industrial, mientras que del Véneto y del Sur llegan oleadas de inmigrantes, mezclando sus acentos con el dialecto dominante "de Scer". Mi modelo sacerdotal es San Juan Bosco. Hemos hecho de todo y más, cada uno tiene sus recuerdos impresos en el corazón, desde los momentos religiosos hasta los culturales y recreativos. Lo más destacado es el camping en los Alpes o en las Dolomitas con 30 jóvenes, cada mes de agosto, bajo las carpas de bajo precio, con tanta alegría de caminar y escalar, un hambre de lobo y veladas alrededor del fuego con inolvidables coros de montaña que sacudían las rocas. Siempre se celebraba la Misa en el campo todos los días, qué hermoso tener a Jesús entre nosotros, los jóvenes. En dos ocasiones subimos a la cima del Monte Adamello, 3539 metros de altura, para celebrar la Misa, casi tocando el cielo azul intenso. Horas de caminata por los nevados de un blanco cegador, atentos a las grietas, apretando los dientes en la dura escalada con guías expertos que nos habían unido a todos con las cuerdas de seguridad. Mi cáliz estaba con nosotros, un punto fijo de la consagración mientras las ráfagas de viento barrían la cima.
El Rostro de Jesús estaba escondido bajo un yeso de cal desde hace unos 400 años, precisamente en la vieja casa del oratorio, con paredes que emanaban humedad de todas partes. Ya habían pasado siete años y no me había dado cuenta de que debajo de la pared normal había un fresco pintado con un tenue color amarillo. La casa había sufrido muchos cambios a lo largo de los siglos y nadie sabía que alguna vez fue un convento de franciscanos. Bueno, en pocas palabras, la humedad dejó al descubierto una pintura, un fresco que ocupaba toda una pared de 4X3. Primero resurgieron las piernas de un santo mártir y luego todo un tríptico de la escuela de Leonardo da Vinci: una Crucifixión. Para salvarse de la peste (así se llamaba el covid en 1500) lo habían cubierto todo con cal viva, borrando todo rastro de pintura. Fue un trabajo muy paciente quitar las tres capas de pintura para revivir una obra maestra. Todo hecho en los momentos libres, casi a escondidas, pero qué emoción cuando milímetro a milímetro aparecía el rostro de Jesús, la corona de espinas, las manchas de sangre en la frente y sobre todo sus ojos, sí cerrados, pero como si te miraran intensamente. Jesús me había esperado con la Virgen, San Francisco de Asís y San Carlos Borromeo a sus pies. La televisión vino a hacer un reportaje en vivo, un acontecimiento para aquellos tiempos. "En América se rasca un poco de tierra y sale el petróleo, en Italia rascan una pared y aparece una obra maestra leonardesca, aquí está". Ya estaba en África cuando arrancaron la pintura de la pared para colocarla en la capilla lateral de la Iglesia parroquial. ¡La primera foto de esa cara es conmigo, me acompaña a todas partes como el cáliz y un par de zapatillas de fútbol!
En Zambia - África durante 12 años como misionero, después de pasar 8 meses en Inglaterra para estudiar inglés. Los idiomas del mundo se aprenden con el corazón, es decir, la pasión por la gente. Escribí un libro sobre mi experiencia: "Milán - Kafue, ida y vuelta". En la Navidad de 1976, fui a visitar a una pobre anciana de 80 años que vivía en una cabaña en la sabana. Regresaba del campo, nos daba la bienvenida sonriente con su habitual vestido cada vez más destrozado. De debajo de un tronco que hacía las veces de silla aparece una serpiente que enseguida fue apedreada y golpeada por dos mujeres que eran conmigo. Pasado el susto, le entregan a la anciana víveres como regalos navideños y además un precioso vestido. "Oh, voy a guardar esto para cuando muera. ¡Quién sabe lo feliz que estará mi mamá de verme llegar con este hermoso vestido verde!”. Las mujeres no están de acuerdo, la empujan a la cabaña para que se cambie inmediatamente los harapos por el vestido nuevo. Después de 10 minutos aparece completamente transformada, rejuvenecida y enseguida comienza a bailar feliz con su dedo apuntando al cielo, mientras dice: "¡Dios está, Dios existe!" Esta es la auténtica alegría de los sencillos. Una lección para mí.
Guerra: blancos y negros en el vecino Zimbabwe están peleando por el poder. Las bases "terroristas africanos" eran en Zambia. Vuelvo a caer en un clima de guerra con toda su carga de odio, bombas, maldades, destrucciones, muertos. Esta vez yo también soy considerado enemigo por el color de mi piel. Estaba cerca de una capilla en la sabana acompañado por algunos jóvenes. Vemos pasar un camión militar por la carretera, de repente frena bruscamente sin razón aparente y se detiene a unos diez metros de nosotros mientras seguimos conversando tranquilamente. De la cabina sale un soldado guerrillero con el rifle en la mano y la bayoneta enganchada. Viene directo hacia mí, el blanco. Gritando les pregunta a los jóvenes: "¿Qué blanco es? ¿Qué hace aquí? ¿Pero lo conocen bien? ¿Será un espía?" Tiemblo todo mientras los jóvenes conservan la calma y explican: "¡No es un blanco, es un padre católico, no tiene armas, es nuestro amigo!" Todo dura un minuto, ¡pero qué minuto! Entonces puedo respirar profundamente aliviado viendo al guerrillero volver a su camión. Dos misioneros amigos, en cambio, sufrieron mucho más, uno estuvo tres días en prisión y el otro ya estaba atado a un árbol para ser fusilado, pero la gente lo defendió con las uñas: "¡Es él quien nos ayuda, ustedes no, déjenlo en paz!".
Las espinas. Aquí abro un paréntesis para mencionar las dificultades de la vida sacerdotal allí donde he estado. Los insultos, los comentarios pesados, las amenazas incluso de muerte, los robos en la Iglesia, en la casa, los asaltos para robar tu auto o algo, los jóvenes agresivos, los malentendidos en las parroquias, el odio hacia la Iglesia católica... y todos mis defectos personales que a veces hacen sufrir a la gente. También me arriesgué a ser arrestado. Pero ¿quién y por qué quería meterme en la cárcel? En la despedida antes de regresar a Italia participa también el secretario del partido político UNIP de Zambia. "Conozco al padre Antonio. Lo defendí contra los evangélicos escandalizados porque jugaba al fútbol, algo no previsto en la Biblia". Después de una breve pausa, retomó con un tono acalorado de experto político: "No conozco bien sus leyes eclesiásticas, sus contratos que duran sólo 12 años... Si dependiera de mí, de nosotros, del Partido, estaríamos dispuestos a poner al padre Antonio bajo arresto, sí, precisamente en la cárcel para obligarlo a quedarse aquí con nosotros, en este país. No podemos dejar que se vaya, es uno de nosotros que ha hecho tanto bien a Kafue y a todo Zambia". También dos obispos presentes aplaudieron la audaz propuesta, afortunadamente no seguida por los hechos.
Cologno Monzese, allí me envían como párroco a mi regreso en 1986, una zona de 11.000 habitantes los cuales, todos están agrupados en una quincena de edificios uno más alto que el otro. Siempre he tenido pasión por las bendiciones navideñas, pasando de familia en familia por unos minutos preciosos de oración y buenos deseos. Es agotador, pero hermoso sobre todo porque ayuda a conocer las personas y a presentarte como portador de esperanza. Pero en la parroquia también se encuentra la sede del Canal 5, conocida como la televisión de Berlusconi. Un amigo me invita a bendecir asegurándome que me hará encontrar las puertas abiertas también donde hay actores y actrices listos para salir al aire. Acepto y voy con un monaguillo de 10 años que consiguió el permiso de la escuela para estar conmigo con el recipiente de agua bendita. Miguel es un chico inteligente, tiene un gran deseo: ver a la actriz Lorella Cuccarini que siempre anima brillantemente los domingos por la tarde en la televisión. El primer día no pudimos encontrarla, todo el mundo dice que está aquí, que está ahí, pero en realidad no. El segundo día veo a mi Miguel triste, no ha dormido en toda la noche. Para hacerlo feliz, le hablo a un ejecutivo que es muy amable y logra localizar a la actriz que estaba maquillando. Llega sonriente, el monaguillo corre hacia ella, recibe un beso, está en el séptimo cielo. Me pregunto qué le habrá contado Miguel a sus compañeros de escuela; ciertamente también el Niño Jesús sonrió allá arriba.
A Greco, un barrio de la gran y vibrante ciudad de Milán, llego en 1993. Lo primero que tengo que aprender es cómo aparcar rápidamente el auto en un espacio reducido sin molestar a los siempre nerviosos conductores. Estamos en la década de los 2000, pero el dialecto milanés ciertamente no ha desaparecido, es más, hay quien lo habla con gusto y pasión. No me importa adaptarme, es parte de la verdadera pastoral que te sumerge en la vida cotidiana de la gente. La calma del barrio es sacudida por la inesperada y ruidosa llegada de un grupo de jóvenes llamados “leoncavallini”. Con un eufemismo podría decir que es un grupo por lo menos “movido” que pone a prueba las fuerzas del orden y desencadena amor y odio entre los feligreses, sobre todo con sus conciertos musicales que duran toda la noche con miles de jóvenes que llegan de toda la Lombardía. En la Navidad del 2000 aparece en el oratorio un muchacho que me llama casi gritando: "¡Antonio, no hay nadie con quien jugar!" Es Cià Cià un chinito que recién ha llegado, no sabe nada de la Navidad, trato de explicarle y luego le regalo un panetón. No tan convencido se va. En la Navidad 2001 vino a traerme el panetón, muy contento, había aprendido la cultura cristiana. De esta manera los pueblos se fusionan, en el respeto sereno de las tradiciones.
¿Por qué todos llegan a Milán? En Milán hay dinero, hay pan, se trabaja, se crea, se divierte, se estudia, hay lugares para la cultura, teatros, música, deportes... todo se puede decir en poco espacio, accesible. La Catedral es el centro geométrico de la planta de la ciudad con su Virgencita en el pináculo más alto, 108 metros. Es una renovación continua. Recuerdo a una familia que al despertar cada mañana disfrutaba de las vistas de las colinas de Brianza y de las montañas de los Alpes. "Padre Antonio, ha desaparecido el Resegone. Derribaron los viejos almacenes de Pirelli, ¡mira qué montaña de desperdicios han colocado frente a nuestra ventana! ¡Justo allí poco a poco surgió una Universidad, un teatro muy moderno, centros de investigación y hasta la montaña de basura transformada en una colina verde como un patio de recreo! No olvido la alegría de poder bendecir a la orquesta de La Scala y encontrarme con su director Riccardo Muti con una amabilidad verdadera. Todos los músicos y cantantes se detuvieron, oramos juntos por un momento y luego me invitaron a quedarme y disfrutar del ensayo general del famoso Concierto de Navidad. No puedo dejar de lado la fe que sigue viva, en un sereno encuentro con el desarrollo tecnológico y comercial. Infinito es entonces el número de centros de atención a todo tipo de pobreza antigua o nueva gracias a miles de voluntarios. Bajo los arcos de la estación central brillaba una luz encendida por el hermano Ettore, el apóstol de los desposeídos de la calle y los inmigrantes. Nuestra Señora de Fátima le dio una fuerza y un entusiasmo abrumadores. Para mí, un verdadero amigo, me llamaba: "Mi preboste", un antiguo título honorífico para los párrocos de la ciudad.
Hospital Niguarda. A los 60 años todavía jugaba al futbol en el clásico entre la parroquia y el equipo local Voluntas con el riesgo de morirme de un infarto en el propio campo. No noté que el corazón se estaba hinchando, también seguía donando sangre, hubiera sido la 48ª vez. Precisamente en los exámenes previos a la donación suena la alarma: "Don Antonio, usted está enfermo, su vida corre peligro". No tenía ni idea, me someto a todos los exámenes para llegar a la operación del corazón el 11 de noviembre de 2001, fiesta de San Martín de Tours patrón de la parroquia. En el Hospital Niguarda, me operan a corazón abierto para colocar tres by-pass. Fue mi primera caída - resurrección, el comienzo de una familiaridad con los hospitales del mundo.
Altopiano de Seveso, última cita antes de retomar el vuelo misionero. Como un retorno a los orígenes, mi última parroquia italiana dedicada a San Carlo Borromeo. Allí solo había bosques y la gente solía ir a por castañas en la época del seminario en San Pietro, con motivo del paseo de los jueves. Casas esparcidas en el verdor, solo una calle la cruza, muchas villas hermosas que, sin embargo, esconden el drama de la emisión de dioxinas de una fábrica química. Hay poco más más de 3.000 habitantes, una Iglesia moderna y acogedora, un oratorio con amplios espacios y un polideportivo para voleibol y baloncesto. Sus fiestas populares y la noche de San Silvestro (Nochevieja) son famosas en la zona, esperando el año nuevo, mientras cae la nieve. La Segunda Guerra Mundial dejó una herida con una gran bomba lanzada desde el cielo en 1944, ahora está allí la capilla de la Virgen de la paz. Con la bicicleta llego a todas partes, el corazón funciona bien. Puedo ir a todas las familias en Navidad, a pesar del frío, la lluvia y una vez incluso la nieve.
No faltan alegrías y tragedias familiares, con un saldo positivo. Hermosas y sentidas son las misas dominicales animadas por un coro siempre a la altura de la liturgia. No puedo olvidar a los chicos que invaden el oratorio durante el verano y las salidas a la piscina. En 2005 me tomo unas vacaciones en África invitado por el arzobispo amigo de Lusaka. La llama de las misiones se vuelve a encender y al regresar alguien se da cuenta que el Padre Antonio ha cambiado porque "una luz brillaba en sus ojos cada vez que hablaba de África". Ni siquiera un mal accidente futbolístico que lo lleve al hospital con el fémur roto me detiene, hago la pregunta para regresar a viajar por el mundo. El cardenal Tettamanzi está a favor y me regala un pequeño crucifijo precioso con los cinco colores del mundo: "El Perú te espera, la ciudad de Huacho/b>es tu nueva parroquia, ve". La noche del 23 de noviembre de 2007, a la edad de 67 años, llego a Huacho, miro hacia arriba y veo la luna brillando en el hemisferio sur, son las 11:30 pm. Entro a mi nueva casa a 200 metros del Océano Pacífico.
Bienvenida. ¿Cómo saber si uno es bienvenido o no, aunque sea de un país lejano? Para mí, la prueba de fuego siempre ha sido esta: las voces de los niños que te llaman quizás incluso desde lo alto del 4º piso y los ojos sonrientes de los ancianos que se te acercan. En Huacho sucede esto. Después de 13 años volví a subirme a la bicicleta, me puse la mascarilla, pero siempre algunos niños me reconocen y gritan alegremente: “Es el Padre, es el Padre Antonio”. GRACIAS SEÑOR JESÚS, eres tú quien guía mis pasos. Tengo un récord, tengo 13, ¡trece años en la misma parroquia! Tengo 80 años.
Pensé que estaría tranquilo en mi casa celebrando la Misa en agradecimiento por el buen éxito de la campaña para el oxígeno…
Pensé y esperaba poder regresar pronto a la Catedral para reanudar la vida pastoral activa, ya que el Covid está en fuerte declive...
Pero un estallido político ha sacudido al Perú.
Mi corazón se estremeció un poco cuando me pusieron un papel en la mano que decía: "Acaba de renunciar el presidente Manuel Merino". Estuve en el momento del sermón de la Misa virtual del domingo 15 de noviembre.
Todavía no puedo entender realmente lo que pasó, pido tiempo para estudiar la situación, solo escribo la secuencia de eventos.
El martes 17 de noviembre, Perú designó a su tercer presidente en una semana: el Congreso eligió como jefe de Estado interino al diputado Francisco Sagasti, quien conducirá al país a las elecciones generales de 2021. Es el último acto de la crisis política desencadenada el 9 de noviembre desde la votación anterior que había destituido al presidente Martín Vizcarra (quien sucedió a Pedro Pablo Kuczynski en 2018, del que era vicepresidente) al instalar al presidente del Congreso, Manuel Merino, al frente del país. Un golpe que las protestas populares -con dos personas muertas en enfrentamientos con la policía- han arrasado en pocas horas, en el contexto de un país que ha estado entre los más afectados por el Coronavirus y ha experimentado un descenso significativo solo en las últimas semanas. de infecciones. En este entrelazamiento de votos, renuncias y giros, En este entramado de votos, dimisiones y giros, la democracia peruana sigue siendo frágil".
Por ahora, la calma ha vuelto tras el pacífico discurso del nuevo presidente de 76 años que ya presentó a su grupo de gobierno para la aprobación del Congreso.
El día de Cristo Rey todos oramos por un "reino de justicia, amor y paz".
¡El domingo 6 de diciembre a las 18:30 celebraré la Misa por los 80!
Don Antonio Colombo
Huacho, 1 de diciembre de 2020
Traductora: Damiana Pozo